Ya ha llegado diciembre. Muy atrás queda ya el calor del verano, esos días de piscina y Sol en los que nos tumbábamos uno al lado del otro y nos besábamos hasta que nos dolían los labios.
Ya está aquí el invierno, y con él, los recuerdos. Lo increíblemente azules que me parecieron tus ojos la primera vez que te besé. Tus manos heladas recorriendo la curva de mi cintura. Tu boca inexperta abriéndose camino entre mis piernas. Las palabras más sinceras que he oído nunca, un millón de promesas por cumplir.
Dos años.
Y las promesas, las cumpliste todas.
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