lunes, 7 de noviembre de 2011

Delirio VIII

¿Alguna vez has sentido que vives una vida que no es la tuya?
Llevaba unos días sintiéndome extraña, como si algo no encajara, como si algo no fuera bien. Cuando me he despertado esa sensación era más fuerte que nunca, no era capaz de pensar en otra cosa, y no entendía por qué. Y entonces, de repente, la respuesta ha venido por sí sola. Así, sin avisar, sin querer, las piezas han encajado y algo ha hecho clic en mi cabeza. Sí, me siento extraña, me miro al espejo y veo una imagen de alguien que se parece a mí, pero que no soy yo. Y ahora se cuál es la razón.
Al principio ni si quiera lo notaba, estaba demasiado sumergida en ese velo de aturdimiento que yo misma me cree para no sentir, para no pensar, para no sufrir. Pero ahora ha pasado el tiempo, he tomado distancia, y veo las cosas desde una perspectiva lejana. Ahora lo entiendo todo. Soy yo, pero no soy yo. Soy yo, pero no soy la misma. Soy solo el recuerdo de lo que hubo, la sombra lejana de lo que un día fui. Y no consigo acostumbrarme.
Cuando me levanto ya no pienso en ti lo primero, no tengo la imagen de tu sonrisa constantemente en mi mente, ya no eres aquel con el que sueño cada noche, no paso horas muertas imaginando cómo será la próxima vez que te vea, cómo estarás, si habrás cambiado, lo que sentiré cuando vuelvas a mirarme. Me prohibí a mi misma seguir haciéndolo. Me hiciste tanto daño que solo pensarte me aterraba, me dolía tanto que era incapaz de soportarlo, se me desgarraba el corazón cuando sin querer algo me recordaba a ti. Fue algo inconsciente, no lo hice a propósito. Un mecanismo de defensa surgido de la desesperación y el indescriptible dolor.
Pero poco a poco todo va quedando lejos, cada día un poco más. Y, de repente, vuelvo a necesitarte. No... qué digo. Nunca he dejado de necesitarte. Nunca dejaré de necesitarte. He pasado dos años de mi vida hablando contigo cada día, contando las horas que me quedaban para poder verte, haciéndote feliz, esperando que me aportaras el granito de arena diario necesario para seguir adelante. Y de repente me encuentro aquí, pasados tres meses y sin saber nada de ti. ¿Qué sentido tiene ahora todo? ¿Cuál es el motivo que me impulsa a avanzar hacia delante?
Tú eras mi motor, el centro de mi pequeño universo. La razón de cada una de mis sonrisas, el motivo de todas mis lágrimas, el sentido de cada latido de mi corazón. Siempre fuiste tú, siempre eras tú. He pasado tanto tiempo organizando mi vida en torno a ti que se me olvidó vivir por mí. Ya no sé hacerlo. No encuentro razones para dar un solo paso al frente, no sé que camino tomar, no encuentro la ilusión por seguir.
¿De qué ha servido todo lo que he hecho? Tanto esfuerzo, tanto dolor, tantas locuras, tanto a lo que he renunciado, tanto por lo que he luchado... ¿Qué sentido tiene ahora mi vida? ¿Quién soy yo? ¿Acaso no queda nada en mí además de tu sombra, tu reflejo? ¿Tanto te has llevado que me has dejado vacía? ¿Tanto te he amado que he matado al corazón?

No hay comentarios:

Publicar un comentario